Una cuestión complicada. Nos pasamos la vida buscándolo y muchas veces yo creo que llegamos a pensar que ni siquiera existe. Pero existe, solo que quizá no somos tan conscientes, porque va y viene.
Desde algo tan pequeño como una célula hasta algo tan amplio como un ecosistema, cuentan con periodos en los cuales están equilibrados. Estos periodos no son constantes ni eternos, ya que el equilibrio se puede ver alterado por diferentes factores. Y en el momento en que esto ocurre, solo hay algo que podrá restablecerlo.

Solo la capacidad de adaptación permitirá volver a alcanzar el equilibrio.

En el caso por ejemplo de un ecosistema, su equilibrio puede verse afectado por multitud de factores, como un terremoto, un huracán o lluvias torrenciales. Dependiendo de la capacidad que tenga de adaptarse a la nueva situación, se podrá volver a encontrar un equilibrio dentro de las nuevas condiciones. El problema es que esto podría no ser eterno.

Imaginemos un bosque tropical como primer escenario. Si en ese bosque comenzamos a talar árboles, el ecosistema tratará de equilibrarse mediante su regeneración para garantizar su supervivencia. Pero si cada vez talamos más árboles y no damos tiempo a su regeneración, el agua y el viento arrastrarán los nutrientes del suelo y esto impedirá que vuelvan a crecer árboles nuevos. Por lo tanto nuestro resultado final será un desierto.

Esta explicación podemos trasladarla a cualquier otro ejemplo y te aseguro que funcionaría igual. Podemos trasladarlo al ámbito de la biología con la célula, a la arquitectura con un edificio o a la biomecánica con el cuerpo humano. Todo funciona igual.
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El equilibrio en el cuerpo humano.

Al igual que pasa con el ecosistema, existe siempre esa búsqueda constante del equilibrio. Esto es así porque permite la funcionalidad del cuerpo y digamos que hay ciertas reglas que se deben cumplir, como por ejemplo que debe garantizarse una horizontalidad en ciertas áreas como son el plano visual, mandibular, vestibular o podal.
Hay que tener en cuenta que estas son zonas donde nuestro cuerpo tiene gran cantidad de receptores que son los que le darán información acerca de su propia posición y del medio que le rodea. Por lo tanto, tratará de no sacrificar estas áreas, influyendo en el resto de la estructura para poder encontrar el equilibrio.

Estamos condenados a buscar el equilibrio constantemente.

El cuerpo humano está en constante readaptación porque está expuesto a multitud de fuerzas y estímulos que provocan sobre él pequeños desequilibrios. ¿Y sabes por qué se ve tan expuesto?. Muy simple, porque estamos en continuo movimiento.

La cuestión es que la influencia de estos desequilibrios dependerá de nuestra capacidad de reacción ante ellos. Te lo explico mejor con otro ejemplo:

Vamos a imaginar ahora un terremoto, pero vamos a salir del escenario ecosistema, entre otras cosas para que no pienses que tengo algo que ver con Greenpeace… Vamos a imaginar un escenario urbano.
De repente se genera un terremoto que destruye gran parte de las construcciones de la ciudad. Pero observando te das cuenta de que hay muchas casitas que se han venido abajo, mientras que hay rascacielos que han conseguido mantenerse en pie.
La lógica sería pensar que esas pequeñas casas que estaban a menos altura del suelo sufrieran menos las consecuencias que un edificio de semejante altura. Sin embargo, esas casas eran casas sencillas, construidas con materiales más bien endebles que no les proporcionaban una correcta estabilidad. Y por otra parte y en contraposición, el rascacielos se construyo teniendo en cuenta este tipo de fenómenos, o sea, era una edificación antisísmica.

¿Cómo reacciona el cuerpo tras un impacto?

Pues te diré que el cuerpo reacciona igual. Imagínate que recibes un suave impacto, por ejemplo un empujón. En ese momento tu cuerpo rápidamente reacciona para que puedas mantener el equilibrio y no caerte. Hasta aquí cualquiera puede, más o menos, salvar la situación. Y además, al haber sido una fuerza leve la que tu cuerpo ha recibido, no habrá tenido que hacer adaptaciones demasiado exigentes y podrán deshacerse rápidamente, volviendo al estado normal.

Ahora imagina un empujón más fuerte que te hace caer al suelo. En este caso, tu cuerpo habrá tenido que hacer muchos más esfuerzos, más bruscos, más rápidos y más exigentes para evitar la caída, porque aunque te hayas caído, previamente el cuerpo ha tratado de evitarlo por todos los medios. Y en estos casos puede darse una situación peor, porque podría producirse una fijación de la adaptación que el cuerpo ha hecho para reequilibrarse.

Y para que esto lo veas más claro, tercer ejemplo: Imagina que estás en el coche conduciendo por la autopista. De repente te encuentras un atasco. A ti te da tiempo a frenar, pero al coche que está detrás de ti no, por lo que choca contigo. Ese choque te produce un whiplash o latigazo cervical, del cual te hablaré en próximos artículos, y te provoca una serie de síntomas asociados. En estos casos hay claramente una fijación producida por el movimiento de vaivén de nuestra columna cervical y nuestro cráneo por el impacto. Ahora bien, resulta curioso ver cómo las consecuencias en ocasiones son peores en una persona A que sufre el segundo episodio comparadas con las consecuencias que sufre una persona B en el tercero. Y es que la persona B podría ser el rascacielos antisísmico y la persona A la casita.

¿De qué manera puedo estar más preparado ante un impacto?

Todo depende de las condiciones físicas que reúna la persona. Cuanto mejores sean, menores consecuencias sufrirá debidas a los impactos que reciba. Pero ojo, no se trata solo de tener fuerza muscular. Está claro que cuanto más fuertes sean nuestros músculos, más protección darán a nuestras articulaciones. Pero no hay que olvidarse de la flexibilidad, que hace que el musculo tenga mayores y mejores capacidades para adaptarse a las circunstancias generadas por aquellas situaciones en las que recibamos un impacto.

Así que, para finalizar y en conclusión, te diré en resumen que una persona débil o una persona acortada y rígida tendrá más posibilidades de sufrir fijaciones y por lo tanto las consecuencias que se derivan de éstas, mientras que una persona que cuente con una buena calidad muscular y posea tanto fuerza como flexibilidad, será mucho más capaz de evitar las fijaciones producidas por las adaptaciones que su cuerpo haga.