Los esguinces de tobillo son bastante frecuentes y dan mucho la lata. Te limitan porque te impiden algo tan básico como caminar con normalidad, pero además de eso pueden provocar, en caso de que la recuperación no sea correcta, otra serie de problemas en el futuro debidos a las adaptaciones que se van asentando en el cuerpo tras la nueva situación. Por ello, la correcta valoración y aplicar un tratamiento desde las primeras fases será primordial.

Clasificación de los esguinces de tobillo

Los esguinces de tobillo los clasificamos en 3 grados:

Esguince de grado I: Se trata de un esguince leve, en el cual hay una distensión o sobreestiramiento del ligamento con rotura de alguna fibra. Puede aparecer un dolor leve y cierta inflamación, pero aparecerán de forma progresiva y no de repente. El hematoma es escaso o nulo y no suele provocar inestabilidad.

Esguince de grado II: Es un esguince moderado, en este caso se produce una rotura parcial de las fibras del ligamento. Suele acompañarse de hematoma, con una inflamación mayor a la que aparece en esguinces de grado I. El dolor aparece en la parte externa del tobillo y se acompaña de inestabilidad al caminar o al estar de pie.

Esguince de grado III: Nos encontramos con un esguince grave, donde se produce una rotura completa de al menos uno de los ligamentos. Provoca hematoma, inflamación y dolor bastante fuertes junto con una inestabilidad importante de toda la articulación.

¿Qué podemos hacer si sufrimos un esguince?

En el caso de que hayas tenido la mala suerte de sufrir de un esguince de grado 3, donde te puedan haber inmovilizado porque además de haber sufrido la rotura del ligamento también hayas tenido una fisura o fractura, te tocara esperar de 3 semanas a un mes para empezar a tratarlo.
Si por el contrario tu esguince no ha sido tan grave, insisto, tienes que empezar a tratarlo desde el primer día. Y para ello debes acudir a tu fisioterapeuta para que actúe de forma eficaz sobre la lesión y con ello tu recuperación sea mejor y mas rápida.

Tratamiento mediante fisioterapia

En una primera fase, aplicar un tratamiento es indispensable para ayudar a eliminar la inflamación y reducir considerablemente el dolor. Dentro de la fisioterapia y en el estadío más agudo, aplicamos:

1. crioterapia y masaje circulatorio para drenar el edema que se haya podido causar tras el traumatismo.
2. Tratamiento con INDIBA: Para ayudar a mejorar la circulación y estimular la regeneración de los tejidos dañados.
3. Aconsejamos al paciente algunos autocuidados: Como el uso de alguna pomada antiinflamatoria (preferiblemente natural, con árnica) y que, en los momentos en que esté descansando o sentado, lo haga con el pie en elevación para ayudar también a la circulación y por lo tanto a bajar la inflamación.

Más adelante aplicaremos también otras técnicas como:

4. Masaje transverso profundo para actuar más directamente sobre el ligamento.

5. Técnicas para normalizar el movimiento entre las diferentes articulaciones del pie que hayan quedado bloqueadas, revisar la movilidad de los huesos del pie (en especial del calcáneo, astrágalo, tibia y peroné), además de comprobar si ha habido adaptaciones posteriores al traumatismo que hayan provocado bloqueos a nivel del resto de la pierna, o incluso de la columna.

6. Vendajes funcionales que permitan la movilidad pero que puedan bloquear el tobillo en los movimientos que puedan ser peligrosos. Estos vendajes funcionales los solemos usar más en esguinces de grado 2, donde la rotura es mayor que en los esguinces de grado 1 y por lo tanto la inestabilidad es mayor. Si el esguince es leve, en principio no serán estrictamente necesarios.

Tratamiento y prevención mediante el método pilates

Una vez haya bajado la inflamación y el hematoma, es el momento de hacer un trabajo más específico y activo por parte de la persona. Esto nos ayudará a enfrentarnos a los desequilibrios para evitar que la función sea incorrecta en el día a día y que puedan aparecer más tarde o más temprano otras dolencias o lesiones por adaptación.

Para ello nosotros trabajamos con el método Pilates, ya que resulta una técnica fundamental para, no solo ayudarnos a la recuperación, sino además ayudarnos a prevenir adaptaciones y a que pueda volver a producirse de nuevo el problema.

Trabajaremos siempre desde la globalidad, teniendo en cuenta que todo el cuerpo está conectado y muy probablemente haya experimentado diferentes cambios y compensaciones simplemente por el hecho de no haber podido caminar correctamente. Igualmente realizaremos un trabajo específico centrándonos en el tobillo evitando la presión y el dolor.

Nos vamos a focalizar en:

1. Movilizar el tobillo con una alineación correcta, teniendo en cuenta toda la estructura corporal y especialmente el conjunto de articulaciones de la pierna, cadera-rodilla-tobillo.

2. Reforzar la musculatura, fortaleciéndola y equilibrándola para que la articulación pueda estar protegida ante cualquier impacto.

3. Trabajar la propiocepción y el equilibrio para corregir el correcto apoyo del pie y aportarle las capacidades necesarias para reaccionar de forma correcta en cualquier situación.

Todo esto se consigue mediante el trabajo sobre el reformer (aparato principal e indispensable) y sobre la colchoneta. Pero además será de vital importancia contar con la ayuda del resto de aparatos, que nos permitirán hacer un trabajo más específico sobre el tobillo al final de cada sesión. La combinación de todos ellos será la clave para conseguir una recuperación completa y prevenir este u otros problemas asociados en el futuro.