CONEXIÓN ENTRE AMBAS DISCIPLINAS Y CÓMO AYUDA EL PILATES A LA REHABILITACIÓN DE LAS LESIONES FRECUENTES DE LOS BAILARINES.

El método Pilates, o lo que se denominó “Contrología”, fue la técnica que Joseph Pilates enseñaba en su estudio de Nueva York. Al estar rodeado de escuelas de danza y de grandes figuras como los bailarines del Ballet de Nueva York, fueron éstos los que empezaron a adoptar su técnica y extenderla en el mundo de la danza.

Al principio, el método nació como forma de entrenamiento y rehabilitación, pero los propios bailarines vieron en él una buenísima manera de mejorar sus capacidades físicas y de rehabilitar multitud de lesiones provocadas por traumatismos o sobreuso en su actividad.

El Pilates, organiza el trabajo en cadenas musculares al mover el cuerpo de manera funcional y global, algo que también hacemos cuando bailamos de manera natural. Hay que tratar de corregir el desequilibrio de esas cadenas musculares que va surgiendo con las exigencias de esta actividad o con las propias del día a día y que poco a poco podrían llevar a una lesión. El trabajo de estas cadenas musculares es muy similar al ballet, haciendo que se alarguen a la vez que cogen fuerza.

Cada bailarín tiene unas cualidades físicas y una anatomía característica que le permitirá trabajarla según sus limitaciones. En muchos casos, un bailarín llega a conocer su cuerpo cuando ya está formándose como profesional y han podido ir surgiendo lesiones por haber forzado ciertas posiciones. Es muy importante, que el joven bailarín tenga una base previa de conocimiento sobre su cuerpo, analizando movimientos y fuerzas para poder trabajar de manera segura y preventiva. Introducir el método Pilates de manera precoz en el desarrollo de un bailarín llega a ser un complemento muy eficaz para conseguir y multiplicar su potencial.

En el ballet y la danza, al ser disciplinas artísticas, visuales y de movimiento, se llega a trabajar la musculatura dinámica, la que mueve, pero a veces, nos olvidamos de la musculatura estática, profunda y estabilizadora, que protege y da soporte para aguantar ciertas posiciones o amplitudes de movimiento. Por eso, es importante trabajar uno de los conceptos principales del Pilates y que diferencia de otras disciplinas deportivas o físicas. Éste es el “Powerhouse” o centro de energía, lugar donde se concentra la fuerza central, dando estabilidad lumbo-pélvica. Esta fuerza partirá al resto de las extremidades con un trabajo de conciencia corporal, con un movimiento fluido, de alargamiento, de tonificación con una resistencia y una armonía corporal global. Para un bailarín, esto es lo más importante, ya que permite realizar un trabajo completo contemplando todas estas cualidades y llegando a un equilibrio y a una alineación tan necesaria al tener que hacer multitud de giros, saltos, y variaciones en varias posiciones con un eje que va desplazándose y que tiene que quedar muy limpio, simétrico y controlado.

Gracias a la medicina y a la fisioterapia, hoy en día podemos rehabilitar una lesión de manera precoz y prepararla para exigirle otra vez el mismo nivel de actividad que teníamos, pero muchas veces, esta última fase se queda corta o no llega a rehabilitarse por completo, dándonos problemas a largo plazo en la misma zona o en otras zonas más alejadas de la lesión por descompensación. Trabajando con el método Pilates y haciéndolo de manera temprana, incluso cuando la lesión está en periodo agudo, no sólo conseguimos hacer que la parte lesionada se integre y reeduque en la funcionalidad del cuerpo, sino que haremos que el resto del cuerpo no se desajuste ni descompense.

Además, el Pilates no solo se centra en la rehabilitación, sino que también es muy bueno en la prevención. En el mundo de la danza, son muchas las lesiones que sufre un bailarín a lo largo de su trayectoria profesional. En algunos casos, por querer conseguir más flexibilidad, cualidad característica del ballet para obtener grandes amplitudes articulares, se llega a una hiperlaxitud que provoca inestabilidad en las articulaciones al venir acompañado por una falta de fuerza muscular que no sujeta de manera eficiente la propia articulación. Con el Pilates se consigue mayor control, equilibrio muscular, con mejor respuesta articular, sin una sobrecarga extrema que conlleve a una excesiva carga o presión en las articulaciones por querer llegar al máximo. Por ejemplo, las hiperextensiones de rodillas, tan común y preocupante por los problemas a largo plazo que puede ocasionar, o la excesiva rotación tibial por conseguir más “en dehors” o rotación externa, algo que se tiene que hacer desde la cadera y no desde la rodilla. El trabajo del Pilates nos hace disociar las fuerzas necesarias para estabilizar una zona mientras otra se mueve.

En este aspecto, podemos decir que el Pilates y el ballet (o la danza en general) son dos disciplinas que se alimentan la una de la otra y trabajándolas de manera complementaria se adquiere una capacidad de movimiento más libre, más seguro, más estable, más amplio y sin riesgo de lesión. Además, la conciencia corporal que se puede llegar a tener nos hace aumentar aún más nuestra capacidad de éxito no solo a nivel profesional, como bailarines, sino a nivel personal y en las exigencias de nuestra vida diaria.